BIOGRAFÍA ORESTE SINDICI

 

Joaquín Atilio Oreste Teopisto Melchor Síndici Topai, nació el 31 de mayo de 1828 en Ceccano Italia. Problemas familiares obligaron al joven Italiano, a utilizar sus excelentes dotes vocales haciendo parte de la compañía de ópera en las que alcanzó algún renombre. Se incorporó al elenco de la empresa que había fundado Egisto Petrelli en busca de fortuna en las lejanas tierras suramericanas.

 

Cuando Síndici se encontraba en la plenitud de sus facultades de cantante y cosechando nutridos aplausos ante el público italiano, resolvió dar rienda suelta a su espíritu de aventura y salir a conquistar nuevos escenarios. El arribo a la sabana de Bogotá, además de dispendioso fue un tanto molesto porque llevaba varios días de Honda a la capital. La ciudad era pequeña y la noticia de la llegada de una compañía de opera causaba mucha expectación.

 

En 1851 se encontraba la familia Jannaut - Chamberriere que tenía una hija, Justina, nacida en La Habana Cuba, que por la llegada de Oreste  tenía 16 años. El cantante italiano la vio y quedó totalmente prendado a la francesita cubana. La familia Jannaut - Chamberriere siempre ocupaba un palco en el Teatro Maldonado, en una oportunidad don Oreste se acercó en un entreacto hasta el sitio donde se encontraba la niña de sus sueños, le presentó sus respetos y solicitó permiso para visitarla en su casa. Don Oreste se retiró de la escena teatral y resolvió organizar su vida y para ello contrajo matrimonio con Justina Jannaut quien ya había cumplido sus 18 años.

 

Cuatro hijos alegraron su matrimonio Teresa Eugenia, Oreste Justino Vicente María, María Teresa Atila y Emilia Justina Eugenia. Después de 3 años de matrimonio los Síndici Jannaut resolvieron adquirir una propiedad llamada Prado Jurisdicción al Municipio de Nilo. El Maestro Síndici, no podía estar tranquilo sin su instrumento musical por ello llevó hasta la finca un pequeño armonio portátil marca Dolí Graziano Tubi. Este aparato de fuelles a pedal en que según tradición compuso el maestro Oreste las notas gloriosas del segundo mejor Himno del mundo.

El amor a la patria por un lado, y por otro la velada y discreta lisonja hicieron que Domingo Torres, a propósito del 11 de noviembre de 1887, instara al maestro Oreste Síndici para que le pusiera música a un himno, cuya letra era del doctor Rafael Núñez. Torres rogaba y el maestro resistía. Al fin su esposa doña Justina Jannaut de Síndici, colombiana, venció las últimas dificultades del maestro. La esquiva inspiración brotó entonces en el alma del artista italiano como resonante catarata de notas gloriosas y ardientes. La imagen de la patria adoptiva, donde él tenía el dulce solar de sus amores, se presentó con toda su belleza a los ojos del maestro.

Vibraron al    punto de este himno: el estrépito de las armas y los urras de combate, y se oyeron notas semejantes al grito del huracán que azota nuestras selvas y otras menos fuertes como las de torrente que salta escondida entre las breñas.

 

Publicado por Lic. Leonardo Peralta Serna

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